miércoles, 25 de noviembre de 2015

A CONTRACORRIENTE (patas arriba)

Qué curioso. Hace unas semanas compré un ordenador de segunda mano a un tipo que se llamaba como yo. Tenía mi edad y un lunar en la mejilla. Era de Toledo y no excesivamente guapo, igualito a mí. Cuando llegué al lugar donde habíamos quedado me di la vuelta y él venía justo por detrás. Observé que cojeaba un poco de la rodilla derecha. No vestía demasiado bien, como si no le importase mucho -o quizá el espejo de su baño le reflejaba con penumbra y él no podía verse adecuadamente- y ya iba siendo hora de que se hiciese algo en el pelo. Antes de que me diera el ordenador hablamos un poco. Le interesa lo mismo que a mí. Ha leído exactamente los mismos libros que yo. Cuando me habló de las chicas que le gustaban estuve a punto de pegarle un puñetazo. Resulta que era un ex- de mis ex-novias. Pero no le dije nada de ello. Él habló mucho y aquella tarde yo prefería escuchar. También comentamos los libros que nos gustaría escribir y él mencionó unos títulos que quería ponerles y que eran los mismos que yo tenía pensados para los míos. Me explicó sus ideas y algunos bocetos para cuentos, novelas y poemas. ¡Eran los míos! Se le veía a ratos melancólico, a ratos alegre. Era como si fuese dos personas. Me dijo que a menudo no se entendía ni a sí mismo. Y no me extraña, yo tampoco le entendí.
Nos despedimos. Él se dirigió hacia el Norte y yo hacia el Sur. No miré para atrás y creo que él tampoco.
He estado solo estas semanas hasta hoy. Limpiando su ordenador, que lo tenía hecho un desastre. Estaba lleno de carpetas por aquí y por allá. Archivos sueltos por los rincones. Lo estuve borrando todo. La memoria quedó casi vacía. Sólo en el último momento decidí abrir un archivo de algo que había escrito:
Mi familia piensa que estoy loco. Y creo que lo mismo mis amigos, mis vecinos y el cartero. Creo que hasta la chica que me vende el pan por la mañana, que es cuando más despejado me hallo, intuye que no estoy muy bien de la cabeza. Pero sobre todo el que más cuenta se da es el cartero, no lo dudo. Verá que me llegan cartas de muy lejos, pero que vienen muy ligeras. Y que casi no recibo cartas de los bancos ni de tiendas ni de nada. ¡Ni siquiera me envían publicidad! ¿Se dará cuenta de que estoy fuera de mi sitio? ¿De que no vivo en ninguna dirección en realidad? Mis amigos, mi familia, mis vecinos y el cartero no me dicen nada, pero sé que piensan que no se puede vivir con mi visión del mundo. Sé que, de uno u otro modo, todo el mundo que conozco me pide que cambie eso, para que deje de estar loco. Me he propuesto hacerles caso. Cambiaré. Voy a buscar una nueva visión del mundo. Ya no puedo seguir viendo este alrededor. Quemado por la sociedad de consumo, por el derroche, por las vistas estrechas. No puedo vivir a contracorriente de todo y todos. Es verdad. No puedo pensar cada vez que veo un perfume de lujo, comida en la basura, grifos tirando agua que no se usa, o los proyectos de arquitectos estrellas, en los niños de África que mueren. Y que se mueren gratis. Así como suena. Se nos mueren gratis, esos niños. Pero no puedo estar pensando siempre en ello. Así que he decidido cambiar, pensar de otra forma. Voy a buscar una nueva visión del mundo con la que poder vivir a partir de ahora. Me dicen que el mundo está muy mal, que lo deje un poco, que no va conmigo. Entonces, a veces, he pensado hacerme algo en los ojos para eso. Para cambiar mi visión. Pero no he podido. Me he dado cuenta de que veía cosas más bonitas (perfumes de lujo, banquetes sobrantes, arquitectura de cinco estrellas) pero que me quedaba ciego por dentro. Me he dado cuenta de que así era menos loco pero de ojos para fuera, nada más. Y casi no me acordaba de los niños de África que mueren gratis. Como era gratis no me acordaba. Pero tampoco pude seguir así. Me empecé a sentir enfermo. En serio. Tenía el cuerpo muy bien, pero algo fallaba. Es que me entraba fiebre en el alma. Cuarenta y tantos grados de fiebre en el ánimo. Los mismos grados que África. Y dije: qué hacer? Si sigo así mi cuerpo vivirá muchos años pero yo voy a morir. Así que me di cuenta de que ni una cosa ni la otra. Sin embargo, estoy de acuerdo con todos los demás: no puedo seguir como hasta ahora. Por eso voy a buscar una nueva visión del mundo. En serio, lo haré. Y será ese mi motivo para vivir. Me decían: cambia tu visión del mundo.  No he podido hacer que mi visión cambie, así que he decidido que lo que cambie sea el mundo.
Y así continuaba, más y más. Pero ya no tenía ningún interés. Él sabía que no lo iba a lograr. Que no iba a cambiar el mundo para nada.
¿Pero qué hacer, si no?
He intentado dar con él en todo este tiempo. Se sentirá muy solo, seguro. Aunque sé que a veces está con mi novia, mis amigos, mi familia, conozco un poco la memoria de su ordenador y estoy seguro de que le falta encontrarse. Le busco por todos sitios, pero llego a destiempo. Al final, me he convertido en su cartero. Y lo malo es que, si doy con él, no sé cómo reaccionaré yo mismo. Si le mentiré: busca dentro de ti si quieres encontrarte. O si por el contrario le engañaré con una verdad: tú nunca te encontrarás. Me da mucho miedo que le pueda pasar algo y deje de contarlo.
Ya me he hecho a la idea de que nunca lo encontraré. Si voy al Norte él se pone a pensar en el Sur, y al revés. Es un tipo que ha puesto patas arriba su vida.


(septiembre 2011)

viernes, 19 de junio de 2015

DOIS MAPUTOS



Há dois Maputos em cada um dos meus olhares.
Está esse dos engarrafamentos e os buracos,
a cidade de prédios velhos e sorrisos rotos,
as horas de calor insuportável e a solidão,
o Maputo difícil.

Mas depois encontro-me com este outro Maputo
dos agradáveis passeios em companhia de palavras,
a cidade da roupa de cor nas janelas e crianças a brincar,
do frescor nas acácias e tua sombra,
o Maputo fácil.

Há dois Maputos cada vez que penso em ti.
Está esse dos acidentes e as nuvens de fumo,
a cidade dos seqüestros e os meninos da rua,
da impotência e os mosquitos,
o Maputo difícil.

Mas depois encontro-me com este outro Maputo
que começa quando descemos do chapa,
a cidade das mangas e das livrarias,
do vento que vem do oceano na mesma direção que os entardeceres,
o Maputo fácil.

Há dois Maputos cada vez que estou contigo.
Está esse da polícia e do medo,
a cidade do lixo e a luz suja,
das esquinas gastadas como se tivessem dor,
o Maputo difícil.

Mas depois encontro-me com este outro Maputo
ao que gosto de tirar fotografias,
o das feiras de arte e as pastelarias,
a cidade minha e tua,
o Maputo fácil.

Há dois Maputos no mesmo espaço
e tempo diferente.

São o mesmo Maputo.

Só muda se tu estás ou não.
__________

miércoles, 19 de noviembre de 2014

LITERATURA MOÇAMBICANA

Escolhi a tua história para lê-la
quando li uma linha em tua figura,
mas preferi teu coração de biblioteca
e entrei nele a procura de leitura...

O pedi emprestado para levar a casa
(eu sonhava com folhear teu coração),
tu me disseste: a primeira página
está escrita com letra da tua mão.

Olhei o seu índice e decidi avançar
até um capítulo que começava assim:
Ler este livro é como amar...
e aquele capítulo não tinha fim.

Descobri mais linhas onde silenciavas frases
enquanto eu beijava cada uma das tuas folhas,
depois de que minhas mãos começassem
a passar as páginas da tua roupa.

Eu queria escrever, tu ser escrita,
juntos éramos a voz que engravidava a vida.
Com meus dedos brancos e tua pele escura
África escrevia a sua literatura.

Ficou tarde. Quando comecei a te perceber
os dois olhos se me encheram de sonho.
Estive a noite toda esforçando–me em ler
em uma sessão todo o teu corpo...

Quando acabei de direita a esquerda
o li de novo de esquerda a direita.
Só me detive no final de uma perna,
pois me pareceu uma frase perfeita.

O céu se transformou numa sombra bela
quando eclipsei teu corpo baixo a luz da lua,
Maputo era criança brincando na janela,
a voz do mundo aberto chegava desde a rua.

Era a vida, que nascia com nossos nomes
após nos ter deixado as línguas nuas.
A vida que voltará a ler–se em cada noite
ali onde as estrelas nos traduzam...

Eu era estrangeiro e às vezes descobria
passagens em ti que minha voz desconhecia.
Havia especialmente muito silêncio em teu diário.
Meu corpo, no teu, escreveu um dicionário.

Antes de dormir, e fechados os olhos,
devorava em ti romances e poemas,
e sentava cada vez num canto do teu corpo
a ler tranquilamente suas letras.

Li em teu coração tantas histórias...
cenas românticas ou de aventuras...
paisagens tecidas das coisas que sonhas...
capítulos que não tinha lido nunca...

Sempre tinha gostado de ler na cama,
mas contigo cada história era outra.
Reli minha vida deitado em África
com África no peito e às vezes nas costas.

Naquela época, quando estava triste,
eu lia tudo que caia em minhas mãos.
Tive a sorte de que um dia tu caíste
e te perguntei: “posso ler teu coração?”

Não me olhaste nem respondeste sequer,
mas pouco a pouco como um livro o abriste
para mim cada vez que nos voltávamos a ver,
e assim pouco a pouco eu deixei de estar triste...

Teu coração caiu como uma porta aberta
e entrei por ela como se fosse uma vitória.
Meu sonho era conquistar tua biblioteca
levando cada letra na memória.

Quando chegavas a mim deixava os livros, os fechava,
e lia de ti coisas com mais corpo, com mais vida,
e quando mil histórias depois a noite acabava
tu às vezes dormitavas, e eu outra vez lia.

Aprendi tanto de ti... escrito na tua pele;
conhecer-te até o fundo foi uma cultura;
descobri outro mundo na magia daquele
mistério que encerravam nossas páginas nocturnas.

Dos pés à cabeça, eu te paginei
pondo minha posição em toda a tua altura,
e foi quando por fim completei
a coleção da tua figura.

Eu queria escrever, tu ser escrita,
juntos éramos a voz que engravidava a vida.
Com meus dedos brancos e tua pele escura
África escrevia a sua literatura.

Ler-te era meu jeito de me sentir vivo;
ter-te nos olhos me fazia: aprender, rir, chorar;
te prestei atenção como à voz dum livro
que um dia comecei sem o querer acabar.

Disse-te ao ouvido: deixa–me te ler
até que as palavras se desunam.
E tu não demoraste em me responder:
no coração, escreve-me a última.

Deixei-te no corpo meu eco
e tu deixaste uma folha em branco no meu,
pois sou como um rio seco
desde que não te leu.

Tua primeira página foi como a última:
sem inicio nem final, porque eras única.
Eu tinha entre as mãos, cada vez que te amava,
a melhor literatura moçambicana.

jueves, 16 de octubre de 2014

AQUI, SENTADO NUMA PEDRA DE MAPUTO, COM CALOR

AQUI, sentado numa pedra de Maputo, com calor,
ponho-me a pensar na melhor maneira para te declarar meu amor.
A primeira decisão é que algo sério, por exemplo,
convidar-te a jantar e te dar o amor de sobremesa
não ficaria mal, mas depois acho mais interessante
apresentar–me em ____________ com um ramo de flores.
Uns minutos mais tarde caio na conta do que no chapa
iam-se estragar as flores e chegaria de mãos vazias e sem jeito
à porta da tua casa onde diria:
“tinha umas rosas para ti, mas ficaram no caminho”.
O quê pensarias tu, então?
Parece que estou a te ver, um bocado envergonhada e com poucas palavras,
enquanto eu, ainda com restos de aroma nas mãos,
te repito que não tenho nada, mas te prometo o mundo nas palavras minhas.
Está quente em ____________, as árvores não dão sombra suficiente,
e como quero te dar alguma coisa mas estou de mãos vazias
procuro as realidades que são invisíveis e profundas,
como te fazer feliz, por exemplo, ou como alguns arrepios
que consigam te mexer o coração.
Suponho que algumas crianças das casas vizinhas já se teriam aproximado
quando eu te pedisse um abraço, mais nada, um abraço
só, e que algum deles diria: mulungo! e tu sorririas
quando eu respondesse: u bom, mulande? e depois a olhar para ti:
Yina Nambi yi tivana yinkuwezu ka madhelu ya tiku,
akusa a tiku litayi patsa yi Nkuau ma Dhthelu;
e a seguir:
Ni ku dzandza yi ntamu;
E se tu acreditasses que tenho o mundo nas costas
e me deixasses aproximar de ti,
para nos gastar os lábios de nos beijar as almas,
viraríamos os dois e olharíamos lá ao fundo.
Então, depois dos lábios se ter gastado, tu dirias:
E agora, o quê?
(Seria o vazio que aparece após os momentos de maior felicidade.)

Vamos lá atrás, meu amor –diria eu.
Vamos lá. Há um caminho de rosas que te preparei.

domingo, 28 de septiembre de 2014

CANÇÃO

(adeus)

Cheguei à tua vida demasiado cedo,
quando em ti dormia teu coração ainda,
o mexi dizendo que eras a mais linda
e ele acordou a morrer de medo.

A tremer também, aproximei meu dedo
a lhe pedir desculpas, por o acordar de pronto;
tu me respondeste que não estava a ponto
como uma criança que tem roto seu brinquedo.

Porque –te perguntei eu– tremes?
O mundo está frio só porque lhe temes.
Anda comigo onde a terra está quente
e te acordarei com meu sonho e não de repente.

Quis entrar na tua cama, para sonhar contigo.
Espera –me disseste– isso vem depois.
E em quanto eu esperava fazer o que te digo
teu coração voltou debaixo dos lençóis.

Pela janela aberta a luz já chegava
como uma mensagem, como todos os dias,
e quanto mais claro o mundo mais se fechava
no quarto tua sombra e menos te abrias.

Só me dizias que o tinhas doente,
que parecia estar desmanchado no médio,
e então eu me fui, pensando um remédio
para lhe pôr bonito, à procura de um pente.

Voltei com meu sangue, com meu sol, com meus dentes,
com aquela verdade  que apenas há quando sentes.
Voltei ao teu quarto com o mundo na hora
e te disse: "aqui estou eu, o mundo está fora”.

Entre as quatro paredes, a tarde morreu
e vi que o teu relógio estava parado.
Foi então quando olhei para o meu
e desafortunadamente estava andando.

Na noite batiam, a beira do infarto
aquelas estrelas que já não iam a sair.
E quando vi que teu coração voltava a dormir
apaguei as estrelas e sai do quarto.

sábado, 20 de septiembre de 2014

lunes, 11 de agosto de 2014

COSAS MUY GRAVES

Para que tú no me quieras,
es que están pasando cosas muy graves en el mundo.
Seguro que hay hombres pegando a sus mujeres,
familias enteras muriendo de hambre,
escuelas cerradas, aviones que se caen,
hospitales de persianas bajadas para siempre,
niños de ojos grandes para ver mejor al lobo,
inundaciones, terremotos, sequías,
guerras a punto de empezar...
que distraen tu atención, que te desvían la mirada
y el curso que debiera seguir tu corazón
si la vida fuese agradable y limpia y me pudieras querer sin remordimientos,
no?
pues no me creo que no me quieras simplemente porque sí,
tienes que tener motivos urgentes y gravísimos,
de esos que te quitan el sueño como gritos en medio de la noche,
pudiera ser que piensas demasiado en tu futuro,
que te preocupen los bosques,
la enfermedad de tu hermana,
lo sucio que está el océano hasta que lo barre el atardecer,
el humo, la distancias,
no sé,
es tontería estarle dando vueltas,
quizá ni siquiera piensas en todo esto
y a estas horas en que no se oye ni una mosca
estés durmiendo tan tranquila.
Quizá hasta tu corazón sea un misterio para ti
y no sea yo el único que no se explica las cosas,
pero deberías decidir, por el bien de la especie,
si cuando me miras soy yo quien te da miedo o es el mundo
-mi fondo o su forma-,
pues está claro que él y yo somos diferentes
y tú estás, de uno u otro modo, entre nosotros
como entre la espada y la pared, sin saber de cuál huir.
El tema es que un día más me quedo aquí solo
escribiéndote pero escribiéndome,
y mientras la política y los terremotos se disuelven en la luz
lo que yo escribo hoy es un pozo sin fondo de lo que no se traga la tierra.
Espero, por lo menos, que también veas con ojos tristes los telediarios,
porque si no fuera así,
si todo lo demás te diera igual,
entonces que no me quisieras
sería lo más grave que estaría pasando en el mundo.


11/03/2014